Es cierto que, durante los últimos años, el precio tanto de consolas como de teléfonos móviles o hardware en general, ha crecido de manera bastante clara. Sin embargo, pagar 1700 dólares por una consola portátil es algo que se nos va de las manos lo mires por donde lo mires, da igual lo supuestamente potente que sea. MSI habría lanzado su nueva Claw 8 EX AI+, por lo que en el día de hoy analizaremos todos los detalles de este nuevo equipo, y si realmente merece la pena pagar esa cantidad por poder disfrutar de la consola, o es algo demasiado alto para la diversión que ofrece.
Que las consolas portátiles están en auge es algo que todos sabemos, y en la actualidad tenemos desde modelos muy baratos que contienen miles de juegos emulando consolas retro antiguas hasta consolas extremadamente potentes capaces de ejecutar títulos triple A actuales, y obviamente con unos precios bastante más caros. Los modelos «pilar» fundamentales de esta generación son la Steam Deck, de unos 700-900 dólares dependiendo del modelo, la ASUS ROG Ally, que rondan los 500-1000 dólares según modelo, y las Lenovo Legion Go, de entre 600 y 800 dólars. Y ninguna de ella llega ni por asomo a los 1700 que pide MSI por su nueva máquina…
Nueva consola MSI por 1700 dólares
Cuando lees el precio de la consola, puede que te asustes, y es que el titular no va desencaminado, ya que pagar 1700 dólares por una consola, es una auténtica locura a la que no estamos acostumbrados todavía, pese a que estamos ante un equipo que no es una simple consola, ya que actúa como algo más.
Está diseñada para parecerse más a un ordenador, pudiendo soportar los juegos de PC, algo que ya existe con otras como la Steam Deck. MSI busca lo mismo, pero con más potencia, autonomía, diseño y almacenamiento (1 TB PCIe Gen 4 M.2) por lo que hablamos de una mezcla entre una portátil y un ordenador, con lo mejor de los dos mundos, y de la forma en la que quieren justificar el precio.
En cuanto la comparas con otras opciones del mercado, el golpe, en cuanto al coste, es evidente. Hay alternativas mucho más baratas que, sin llegar a este nivel de potencia, ofrecen una experiencia más que suficiente para la mayoría de jugadores. Y ahí es donde empieza a tambalearse la propuesta de MSI, al menos para el jugador común.

También hay decisiones que chirrían un poco teniendo en cuenta el precio. Por ejemplo, seguir con una pantalla LCD (8 pulgadas y 120 Hz) en lugar de OLED no termina de encajar en un producto tan premium. Y el hecho de usar Windows hace que la experiencia no sea tan directa como la de una consola tradicional: hay que trastear más, configurar cosas, actualizar… no es simplemente encender y jugar, pese a que tenga sus cosas positivas.
Al final, la sensación que deja es bastante clara: MSI no ha querido competir en ser la opción más equilibrada, sino en ser la más potente (32 GB de memoria LPDDR5X). Y lo ha conseguido, pero a costa de disparar el precio hasta un punto que la aleja del gran público, y solo recibirá ventas por parte del cliente al que no le importa el dinero y quiere lo mejor.
Por eso, más que decir que “se les ha ido de las manos”, quizá lo más justo es decir que han llevado el concepto al extremo. El problema es que, cuando haces eso, también conviertes el producto en algo muy difícil de justificar para la mayoría, por lo que no tendrá unas grandes ventas ni opiniones positivas, y solo serán unos pocos los que lleguen a disfrutarla, ya que, por ese precio, podemos tener un buen PC gamer y otra de las consolas portátiles que ya hay en el mercado, sin gastar todo el presupuesto en una sola.
