Los simuladores de granjas han evolucionado mucho desde que títulos como Harvest Moon y, posteriormente, Stardew Valley demostraron que cuidar cultivos podía ser mucho más que una actividad secundaria. La agricultura terminó convirtiéndose en la base de experiencias capaces de combinar gestión, exploración, relaciones sociales, fabricación y una progresión muy «cozy» para desconectar de la vida real. El problema es que destacar dentro del género resulta cada vez más complicado. En los últimos años hemos visto granjas medievales, mundos de fantasía, islas tropicales e incluso propuestas que combinan la vida rural con mazmorras y combates. Y es aquí donde Farlands intenta encontrar su propio espacio llevando una fórmula muy conocida a un escenario menos habitual: un pequeño sistema solar en decadencia.
Desarrollado por Eric Rodríguez y publicado por JanduSoft (junto con Anotherindie en PC), Farlands comenzó su recorrido en el acceso anticipado de Steam en julio de 2024. Después de dos años de actualizaciones, el juego alcanza su versión definitiva y, además, también llega a consolas. La premisa resulta fácil de entender: cansados del estrés y del ruido de una gran metrópolis, compramos un planeta agrícola abandonado situado en un remoto rincón de la galaxia. La propiedad ha sido sorprendentemente barata, pero no tardamos en descubrir el motivo: los campos llevan años descuidados, los caminos están bloqueados y prácticamente todo necesita una buena reparación.

Historia: empezar de cero en un rincón olvidado de la galaxia
Farlands nos pone en la piel de una persona que decide dejar atrás una vida marcada por el estrés de una gran ciudad para empezar de nuevo. La oportunidad llega en forma de una oferta difícil de rechazar: un planeta agrícola completo vendido a un precio sorprendentemente bajo. Evidentemente, la ganga escondía un pequeño inconveniente. Al llegar descubrimos que nuestra nueva propiedad lleva años abandonada. Los cultivos han desaparecido, los caminos están cubiertos de maleza y muchas de las instalaciones necesitan una restauración completa. Con poco más que una vieja nave espacial y un droide de asistencia, nuestra misión será devolver la vida a ese pequeño rincón del universo.
Sin embargo, pronto descubrimos que el problema no afecta únicamente a nuestro planeta. El resto del sistema solar también atraviesa un periodo complicado, y los pocos habitantes que aún permanecen allí esconden sus propias historias y motivos para seguir viviendo en un lugar tan apartado de la galaxia. Poco a poco iremos conociéndolos mientras exploramos nuevos planetas y descubrimos qué ocurrió para que todo este sistema terminara cayendo en el abandono.

No estamos ante un juego especialmente centrado en la narrativa ni lleno de grandes giros argumentales. La historia actúa principalmente como un hilo conductor que da sentido a nuestra progresión y conecta las diferentes actividades que realizamos durante la partida. Funciona bien porque acompaña al jugador sin imponer un ritmo concreto y deja que sea la curiosidad por seguir restaurando el sistema la que nos empuje a avanzar. Además, después de dos años en «Early Access», la versión 1.0 permite por fin completar la historia e incorpora el planeta final, contenido posterior al desenlace, todos los logros y la posibilidad de completar el Arca al cien por cien. Por tanto, ya no estamos ante una experiencia en construcción ni ante una campaña pendiente de futuras actualizaciones para alcanzar su desenlace, sino ante un juego que podemos completar de principio a fin.
Jugabilidad: de una parcela abandonada a todo un sistema solar
Aunque la primera impresión recuerda inevitablemente a otros grandes representantes del género, Farlands tarda poco en demostrar que no quiere limitarse a ser «otro simulador de granjas». Sí, cultivamos, limpiamos terrenos, conseguimos recursos y mejoramos nuestras herramientas, pero toda esa rutina termina convirtiéndose en una pieza más dentro de un sistema de progresión bastante más amplio. Las primeras horas están dedicadas casi por completo a recuperar nuestro planeta: limpiar la maleza, abrir nuevos caminos y volver a poner en funcionamiento los antiguos campos sirve como una especie de tutorial natural. El juego no nos bombardea con decenas de mecánicas desde el principio, sino que va introduciendo nuevas posibilidades poco a poco, permitiendo que entendamos cada sistema antes de añadir el siguiente.

Esta progresión resulta uno de los aspectos que más nos han gustado. Casi todas las actividades están conectadas entre sí: los recursos que obtenemos explorando sirven para mejorar herramientas; unas herramientas mejores permiten acceder a nuevas zonas; esas zonas esconden materiales que necesitamos para seguir ampliando la granja o mejorar nuestra nave. En lugar de ofrecer actividades completamente independientes, Farlands consigue que prácticamente todo tenga un propósito dentro de nuestra evolución.
La agricultura continúa siendo el eje principal de la experiencia: sembrar, cuidar los cultivos y recoger las cosechas proporciona buena parte de los recursos con los que iremos creciendo, aunque nunca da la sensación de que el juego quiera obligarnos a permanecer constantemente dentro de la granja. De hecho, una de sus mayores virtudes es precisamente invitarnos a salir de ella. Y aquí entra en juego la nave espacial, probablemente el elemento que mejor define la personalidad del juego. Lejos de actuar únicamente como un método para cambiar de escenario, los desplazamientos entre planetas forman parte del propio diseño de la progresión. Cada nuevo destino ofrece recursos distintos, personajes que conocer y objetivos que terminan repercutiendo directamente sobre nuestra granja, y el resultado es una experiencia que transmite una mayor sensación de aventura que otros simuladores agrícolas más tradicionales.

La exploración también gana importancia conforme avanzamos. Los diferentes planetas no se limitan a cambiar la estética del escenario, sino que incorporan nuevos materiales, minas y desafíos propios. La versión 1.0 completa, además, el sistema solar con nuevos contenidos y un planeta final que introduce mecánicas específicas, consiguiendo que el interés por descubrir nuevos lugares se mantenga durante buena parte de la aventura.

Las minas aportan otra forma de progresar. En ellas encontramos recursos especialmente valiosos, pero también enemigos que añaden un pequeño componente de riesgo a la exploración. El combate existe y forma parte de la experiencia, aunque nunca intenta convertirse en el verdadero protagonista. Su función consiste más en dar variedad al desarrollo de las expediciones que en ofrecer un sistema de acción profundo, algo que encaja bastante bien con el tono relajado que mantiene el juego durante prácticamente toda la aventura.
Las relaciones con los habitantes del sistema también tienen más peso del que puede parecer inicialmente. Hablar con ellos, conocer sus historias y participar en los distintos eventos ayuda a que el universo de Farlands se sienta más vivo. Además, la versión final incorpora romances, la posibilidad de casarnos y otros sistemas sociales que amplían las opciones para quienes disfrutan dedicando tiempo a este tipo de mecánicas.

Otro aspecto que funciona especialmente bien es la forma en que el juego dosifica sus objetivos, ya que rara vez sentimos que estamos realizando una tarea porque sí. Es habitual comenzar una sesión con la intención de recoger una cosecha y acabar visitando otro planeta para buscar un mineral concreto, aprovechando el viaje para hablar con un vecino, mejorar una herramienta o avanzar en una misión secundaria. Esa sucesión de pequeños objetivos hace que el progreso resulte muy natural y consigue que siempre tengamos la sensación de estar avanzando, aunque sea dando pasos relativamente pequeños.
Eso no significa que todo sea perfecto. La estructura sigue siendo la de un simulador agrícola clásico y, como ocurre en prácticamente cualquier juego del género, algunas tareas terminan repitiéndose con frecuencia. Quienes disfruten de este tipo de experiencias probablemente verán esa rutina como parte del encanto; quienes busquen una aventura con un ritmo mucho más dinámico pueden encontrar algunos momentos algo más pausados.

En Nintendo Switch, además, este planteamiento encaja especialmente bien. La estructura basada en jornadas y objetivos cortos invita a jugar partidas de media hora o una hora sin sentir que estamos dejando algo a medias, algo que convierte a la consola híbrida de Nintendo en una plataforma especialmente cómoda para disfrutar de una propuesta de este tipo.
Gráficos y apartado artístico: la vida rural también funciona en el espacio
Farlands utiliza un apartado visual basado en pixel art y una perspectiva cenital que resultarán inmediatamente familiares para los aficionados a los simuladores de granjas. La influencia de Stardew Valley vuelve a resultar evidente, especialmente en la representación de los personajes, la distribución de los escenarios y la forma de presentar algunos elementos de la interfaz. Sin embargo, la ambientación espacial permite introducir suficientes diferencias para que el juego desarrolle una identidad propia.
Nuestro planeta refleja visualmente el progreso. Al principio encontramos un lugar abandonado, cubierto de malas hierbas y obstáculos, y a medida que despejamos caminos, recuperamos los campos y reparamos las instalaciones, el escenario comienza a parecer un hogar. Esta transformación es una de las recompensas más satisfactorias del juego, ya que no solo aumentan nuestros recursos o mejoran las herramientas, sino que el entorno cambia como consecuencia directa de nuestro trabajo.

Los viajes espaciales permiten abandonar la estética agrícola tradicional y visitar lugares con ambientes diferentes. La variedad entre planetas ayuda a evitar que toda la aventura transcurra sobre un único mapa y refuerza la sensación de estar explorando un sistema conectado.

El estilo artístico apuesta por colores vivos y diseños agradables. Incluso los escenarios deteriorados mantienen el tono acogedor que esperamos de una experiencia cozy. Farlands no busca representar un universo hostil ni una ciencia ficción fría, sino combinar la tranquilidad de la vida rural con elementos espaciales.
Las animaciones son sencillas y algunas acciones podrían tener algo más de detalle, pero el conjunto mantiene una estética coherente. No pretende destacar por su complejidad técnica, sino por el diseño de sus escenarios y por el contraste entre actividades tan tradicionales como cultivar y elementos como las naves, los planetas o los sistemas de oxígeno.
En la pantalla de Nintendo Switch, el pixel art encaja especialmente bien. Los elementos principales se distinguen con claridad y el formato portátil resulta apropiado para una aventura basada en tareas breves y objetivos progresivos.
Rendimiento: una buena adaptación, aunque con margen para mejorar los tiempos de carga
Para este análisis hemos jugado a la versión de Nintendo Switch ejecutándola en una Nintendo Switch 2 mediante el modo de retrocompatibilidad. Aunque no existe una versión específica para la nueva consola, la experiencia general ha sido satisfactoria y no hemos encontrado problemas que afecten de forma importante a la jugabilidad.
Durante nuestras partidas el juego se ha comportado de forma estable y la sensación general es la de una experiencia fluida, tanto mientras trabajamos en la granja como durante la exploración de los distintos planetas o las minas. Los controles responden correctamente y en ningún momento hemos tenido la impresión de que el hardware limite la propuesta.

Donde sí creemos que hay margen de mejora es en los tiempos de carga. Cada vez que viajamos de un planeta a otro debemos esperar más de lo que nos gustaría, y algo parecido ocurre al finalizar la jornada y comenzar un nuevo día. Ninguna de estas esperas llega a hacerse desesperante, pero sí rompen ligeramente el ritmo de una experiencia que invita precisamente a encadenar tareas y avanzar de forma continua.
Teniendo en cuenta que estamos jugando en una Nintendo Switch 2, esperábamos que estos tiempos fueran algo más reducidos, especialmente al tratarse de un juego con un apartado técnico relativamente contenido. Probablemente sea uno de esos aspectos que el estudio pueda optimizar mediante futuras actualizaciones.
Más allá de ese detalle, la experiencia nos ha parecido plenamente disfrutable. Farlands se adapta bien al formato portátil y, gracias a su estructura basada en jornadas cortas y objetivos muy concretos, resulta un juego especialmente cómodo para disfrutar en sesiones breves desde la consola de Nintendo.
Audio: un acompañamiento discreto para una aventura tranquila
El apartado sonoro mantiene el tono relajado del resto del juego. La música acompaña las tareas diarias sin intentar ocupar constantemente el primer plano y contribuye a crear una experiencia tranquila. Farlands no utiliza el audio para buscar grandes momentos cinematográficos, sino que su función principal es acompañarnos durante las largas sesiones de agricultura, exploración y recolección, manteniendo una atmósfera agradable.
Los efectos de sonido proporcionan respuesta a las acciones habituales y ayudan a que tareas repetitivas como utilizar herramientas, limpiar el terreno o recoger recursos resulten más satisfactorias. En cuanto a las conversaciones, estas son exclusivamente en texto y cuenta con subtítulos en español, además de inglés, francés, alemán, japonés, portugués de Portugal, ruso, chino simplificado y catalán.

No estamos ante un apartado sonoro especialmente llamativo ni ante uno de los principales argumentos para acercarse al juego, sino más bien con un apartado que cumple correctamente su función y mantiene la coherencia con el ritmo pausado de la propuesta.
Precio: una cantidad considerable de contenido por 17,99 dólares
Farlands tiene un precio oficial de 17,99 dólares, un precio de lo más razonable teniendo en cuenta que la versión final incluye la historia completa, varios planetas, agricultura, exploración, minería, fabricación, relaciones sociales, personalización y contenido posterior al final. No debemos comparar su escala con la de una gran producción, ya que en la práctica estamos ante un apartado técnico sencillo, y algunos sistemas podrían desarrollarse con mayor profundidad. Por ello, el precio nos parece de lo más acertado.
El principal problema con el que se va a encontrar este juego es el precio de su principal rival: Stardew Valley, un título que durante años ha recibido una enorme cantidad de contenido manteniendo un precio reducido. Igualar su relación entre coste y horas resulta muy difícil para cualquier nuevo simulador agrícola. Pero Farlands compensa parte de esa diferencia con una ambientación menos habitual y una estructura basada en viajar entre planetas. Es cierto que no alcanza la misma profundidad en todos sus sistemas, pero ofrece suficientes ideas propias para no sentirse como una simple copia.
Pero dejando de lado a Stardew Valley, en un género donde propuestas similares superan con facilidad los 25 o incluso 30 dólares, Farlands entra con un precio especialmente competitivo. Por 17,99 dólares encontramos una propuesta completa y ya terminada, no una promesa condicionada por futuras actualizaciones. La llegada de la versión 1.0 cierra la historia, incorpora el planeta final, añade contenido posterior y permite completar todos sus objetivos. La relación entre precio y contenido nos parece equilibrada, especialmente para quienes disfruten de los simuladores agrícolas y busquen una experiencia nueva dentro del género.
Conclusión: Farlands encuentra su identidad más allá de Stardew Valley
Es imposible hablar de Farlands sin mencionar Stardew Valley, por mucho que lo hemos intentado. La influencia está presente en la estructura, el ritmo, la agricultura, las relaciones y buena parte de su presentación visual. Durante las primeras horas, las similitudes pueden incluso pesar demasiado: limpiamos una propiedad abandonada, recuperamos campos, conseguimos recursos y conocemos a los habitantes de la zona siguiendo una fórmula que ya hemos visto en numerosas ocasiones.
Sin embargo, Farlands mejora cuando comienza a ampliar sus fronteras. La nave y los viajes entre planetas no son simples adornos destinados a justificar la ambientación. La exploración del sistema solar forma parte de la progresión, permite conseguir nuevos recursos y conecta la restauración de nuestra granja con un objetivo mucho mayor. Esta estructura ayuda a romper la rutina y aporta variedad a una experiencia que, de otro modo, podría resultar demasiado familiar. Nuestra propiedad sigue siendo el centro de la aventura, pero no es el único lugar importante.

También funciona bien la sensación de progreso. Comenzamos con un planeta deteriorado y unas herramientas limitadas, pero cada pequeña mejora abre nuevas posibilidades; siempre existe algún objetivo cercano y resulta fácil terminar una jornada pensando ya en lo que queremos hacer durante la siguiente.
Además, no todas las mecánicas tienen la misma profundidad. El combate es deliberadamente sencillo, algunas tareas terminan repitiéndose y ciertos sistemas podrían haberse desarrollado más, pero el juego mantiene una escala coherente y evita complicar innecesariamente una experiencia que busca ser accesible y relajada.
La versión final llega en un momento mucho más adecuado para descubrir el juego. La historia puede completarse, el sistema solar cuenta con su planeta final y existe contenido para continuar jugando después del desenlace. Ya no tenemos que valorar promesas o consultar una hoja de ruta para saber qué partes llegarán más adelante. Además, su llegada a Nintendo Switch encaja especialmente bien con su estructura: las jornadas y los objetivos pequeños favorecen las sesiones cortas, mientras que el pixel art se adapta de forma natural al juego portátil.
Farlands no revoluciona los simuladores de granjas ni consigue escapar por completo de la sombra de sus referentes, pero la verdad es que tampoco parece pretenderlo. Su objetivo es tomar una fórmula conocida, trasladarla al espacio y construir alrededor de ella una aventura relajada con exploración, personajes y una progresión constante. Y, en ese sentido, cumple bastante bien.
Si te gustan los juegos de simulación agrícola, los juegos de gestión pausados y las experiencias cozy, Farlands te va a enganchar desde el minuto 1. Si disfrutaste con Stardew Valley, y buscas una ambientación diferente, con temática espacial, y una mayor importancia de la exploración, igualmente quedarás embaucado desde los primeros compases. No obstante, siendo sinceros, si lo que buscas es algo más «Animal Crossing», un simulador espacial complejo, combates profundos o una reinvención completa del género, probablemente encontrarás esta experiencia demasiado sencilla. Pero si solo quieres abandonar durante unas horas una ciudad abarrotada, reparar una vieja nave y devolver la vida a un planeta olvidado, aquí encontrarán un lugar agradable en el que empezar de nuevo.
Preguntas frecuentes sobre Farlands
¿Quién ha desarrollado Farlands?
Farlands ha sido desarrollado por Eric Rodríguez y publicado por JanduSoft, junto con Anotherindie en la versión de PC.
¿Cuándo salió Farlands en acceso anticipado?
El juego comenzó su recorrido en el acceso anticipado de Steam en julio de 2024, tras lo cual pasó dos años recibiendo actualizaciones antes de alcanzar su versión definitiva.
¿Qué diferencia a Farlands de otros simuladores de granjas como Stardew Valley?
Farlands traslada la fórmula clásica de cultivo y gestión a un pequeño sistema solar en decadencia, incorporando viajes espaciales entre planetas, exploración y minas como elementos centrales de la progresión.
¿Cuánto cuesta Farlands y qué incluye su versión 1.0?
Farlands tiene un precio oficial de 17,99 dólares e incluye la historia completa, el planeta final, contenido posterior al desenlace, romances y la posibilidad de completar todos los logros.
¿Está disponible Farlands en Nintendo Switch?
Sí, con la llegada de la versión 1.0 el juego también llega a consolas, y su estructura basada en jornadas y objetivos cortos encaja especialmente bien con el formato portátil de Nintendo Switch.
¿Tiene Farlands mucho contenido de combate?
El combate existe y aparece principalmente en las minas, pero es deliberadamente sencillo y funciona más como variedad en las expediciones que como un sistema de acción profundo.
¿En qué idiomas está disponible Farlands?
Las conversaciones son exclusivamente en texto y cuentan con subtítulos en español, inglés, francés, alemán, japonés, portugués de Portugal, ruso, chino simplificado y catalán.
| Desarrollador | Eric Rodríguez |
|---|---|
| Disponible para | PC, Nintendo Switch, PlayStation 4, PlayStation 5, Xbox One y Xbox Series X|S |
| Editor | JanduSoft |
| Fecha de lanzamiento | 16 de julio de 2026 |
| Nombre del juego | Farlands |
| Precio | 17.99 dólares |
| Versión analizada | Nintendo Switch 2 |
Lo mejor
- La ambientación espacial aporta personalidad a una fórmula muy conocida.
- Explorar distintos planetas hace que la progresión resulte más variada que en otros farming sims.
- Buena cantidad de contenido en la versión 1.0, con historia completa y contenido postgame.
- Su precio de 17,99 US$ resulta muy competitivo para todo lo que ofrece.
Lo peor
- La influencia de Stardew Valley es demasiado evidente durante las primeras horas.
- Algunas tareas terminan siendo repetitivas, como ocurre en la mayoría de simuladores agrícolas.
- Quienes busquen un simulador espacial profundo o una propuesta más exigente pueden encontrar la experiencia demasiado relajada.
- Pantallas de carga demasiado lentas que sacan un poco del juego con las esperas.
