Los ajustes gráficos en juegos de PC: cómo ganar FPS sin perder mucha calidad

Los ajustes gráficos en juegos de PC: cómo ganar FPS sin perder mucha calidad

A la hora de jugar en ordenador, uno de los puntos más importantes, es el hardware, ya que nos permitirá, según sus características, ajustar un título a una calidad de gráficos mejor o peor, y que irá directamente relacionada con los FPS que podremos lograr.

Sin embargo, hay formas de conocer los ajustes más importantes del PC para ganar esos FPS sin rebajar tanto la calidad de los gráficos. Es decir, conseguiremos, con un hardware peor, obtener mejor rendimiento si sabemos qué tocar, que es lo que aprenderemos hoy.

Qué son los FPS y por qué son importantes

Los FPS (frames por segundo) nos indican cuántas imágenes es capaz de mostrar tu ordenador cada segundo mientras juegas. Cuantos más FPS tengas, más fluido se ve todo, ya que los movimientos son más suaves, las animaciones responden mejor y la experiencia en general es mucho más satisfactoria. En cambio, cuando los FPS son bajos, el juego se ve entrecortado, con pequeños tirones que pueden hacer que jugar sea bastante molesto, y que incluso nos quite las ganas de jugar.

Lo habitual es considerar 30 FPS como el mínimo para poder jugar de forma aceptable, aunque hoy en día lo más recomendable son 60 FPS, ya que ofrecen una sensación mucho más natural. En juegos competitivos, donde cada milisegundo cuenta, muchos jugadores buscan 120 FPS o incluso más para reaccionar más rápido y tener ventaja, ya que podrás ver a un rival antes.

Estos FPS dependen mucho del hardware del PC, como la tarjeta gráfica, el procesador o la memoria RAM. Pero no todo es comprar piezas nuevas, también influyen mucho los ajustes gráficos del propio juego. Bajar un poco algunas opciones puede hacer que el juego vaya mucho más fluido sin que la calidad visual se resienta demasiado, y es lo que veremos a continuación.

FPS en juego
Diferencia entre FPS en un juego, donde veremos antes al rival. Foto de NVIDIA.

Qué ajustes gráficos afectan más al rendimiento

No todos los ajustes gráficos influyen igual en el rendimiento. Mientras que algunos apenas se notarán, y será indiferente tocarlos, otros, pese a no parecer tan importantes, pueden marcar la diferencia entre jugar cómodamente, o desesperarse mientras lo hacemos.

La resolución es el factor más importante. A mayor resolución, más píxeles debe renderizar la tarjeta gráfica. Pasar de 1080p a 1440p o 4K supone un salto enorme. Si necesitas mejorar FPS, reducir resolución o usar escalado dinámico, suele ser la medida más efectiva. Lo verás todo con menos calidad, sí, pero al menos funcionará de manera mucho más estable.

Las sombras también son especialmente costosas. En muchos juegos, bajar de “ultra” a “alto” casi no cambia la apariencia, pero sí puede mejorar bastante el rendimiento. Es uno de los primeros ajustes que deberíamos tocar, sobre todo si vemos algún tipo de «corte o tirón» mientras jugamos o cargamos nuevas zonas del mapa.

Los reflejos en tiempo real y efectos avanzados como el ray tracing son de los más exigentes del apartado gráfico. Aunque aportan un gran realismo, también pueden reducir los FPS de forma muy notable. Si buscas fluidez, son candidatos claros para desactivarlos o reducirlos.

La oclusión ambiental, que mejora cómo se representan las sombras en esquinas y objetos, también tiene un impacto medio-alto en el rendimiento. Bajarla suele ser una buena forma de ganar FPS sin perder demasiada calidad visual.

Es por ello que, muchos juegos, ya tienen una opción cómoda para ajustar los gráficos, dejándonos elegir entre baja, media, alta, ultra, etc. Esto hará que todo se modifique automáticamente según los apartados que tenga ese juego, sin tener que modificarlos uno a uno de manera manual.

Contador de FPS en un videojuego de disparos, mostrando una tasa estable de 231 fotogramas por segundo, indicativo de un alto rendimiento para gaming competitivo.
Unos 240 FPS estables, como se muestra, reducen la latencia a 4.16ms por fotograma, una ventaja clave en eSports.

Ajustes que puedes mantener y que no influyen tanto

Hay una serie de ajustes que, aunque mejoran los FPS, no siempre justifican el coste en calidad que implican, y podremos mantenerlos, ganando ese extra de gráficos sin apenas perder rendimiento.

Las texturas son un buen ejemplo. Si tu tarjeta gráfica tiene suficiente memoria VRAM, puedes mantenerlas en alto sin afectar prácticamente a los FPS. Solo deberías bajarlas si notas tirones o falta de memoria.

El filtrado anisotrópico mejora la nitidez de las texturas en la distancia. Apenas afecta en el rendimiento en la mayoría de GPUs modernas, por lo que mantenerlo en valores altos suele ser lo ideal.

El antialiasing suaviza bordes dentados, pero algunas técnicas pueden ser más pesadas que otras. Opciones modernas como TAA suelen ofrecer un buen equilibrio, mientras que métodos más antiguos o agresivos pueden costar más rendimiento.

También están los detalles de entorno, como la vegetación, partículas o densidad de objetos. Reducir estos valores puede dar un buen extra de FPS en zonas abiertas sin afectar demasiado a la experiencia general, ya que no es algo que realmente notemos o nos estemos fijando todo el tiempo.

Filtrado anisotrópico
Filtrado anisotrópico activado en un juego, sin afectar, apenas, al rendimiento del PC.

Tecnologías para mejorar FPS sin perder calidad

En los últimos años han aparecido herramientas que ayudan mucho a mejorar el rendimiento sin necesidad de sacrificar calidad visual de forma evidente. Esto es muy interesante, ya que nos permite, con el mismo hardware, conseguir mejores resultados, sin tener que invertir más dinero en renovar componentes.

Tecnologías como DLSS o FSR permiten renderizar el juego a una resolución más baja y reconstruir la imagen mediante algoritmos. Esto puede aumentar los FPS de forma notable manteniendo una calidad visual bastante cercana a la original, especialmente en modos de calidad o equilibrado.

Otra estrategia útil es la generación de fotogramas, disponible en algunas GPUs modernas. Esta técnica crea frames intermedios para mejorar la fluidez percibida, lo que puede hacer que un juego se sienta mucho más suave incluso sin aumentar el rendimiento real del hardware.

También es importante considerar el equilibrio de FPS estables. A veces es mejor limitar el juego a 60 o 90 FPS constantes que intentar alcanzar cifras más altas pero inestables. La estabilidad suele ofrecer una experiencia más cómoda que los picos de rendimiento.

Por último, la optimización del sistema también influye: drivers actualizados, cerrar procesos en segundo plano o activar modos de rendimiento en el sistema operativo pueden aportar mejoras sin tocar los gráficos directamente.

Así mismo, las IA están ganando mucho terreno en este aspecto, ya que cada vez se utilizan más para optimizar cómo se generan y se muestran los gráficos en tiempo real. Gracias a ellas, los juegos pueden “aprender” a reconstruir imágenes con mayor eficiencia, reducir cargas innecesarias del hardware y mejorar la fluidez sin que el jugador tenga que hacer ajustes complejos. Todavía están comenzando en este mundo, pero pronto veremos grandes mejoras gracias a ellas.

DLSS 5
Ejemplo de funcionamiento de DLSS 5 en Resident Evil Requiem. Fuente: NVIDIA

Preguntas frecuentes sobre ajustes gráficos en PC

¿Qué son los FPS en un juego?

Son los fotogramas por segundo que muestra tu PC. A más FPS, más fluido se ve el juego.

¿Cuántos FPS se consideran buenos para jugar?

30 FPS es lo mínimo aceptable, 60 FPS es lo recomendable y en juegos competitivos se buscan 120 FPS o más.

¿Qué ajustes gráficos mejoran más los FPS?

La resolución, las sombras y el ray tracing son los que más afectan al rendimiento.

¿Cómo puedo mejorar los FPS sin perder mucha calidad?

Usando tecnologías como DLSS o FSR, bajando ajustes pesados y optimizando el sistema.

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